¿Cómo los niños pueden volverse agresivo? El experimento Bobo Doll
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¿Cómo los niños pueden volverse agresivo? El experimento Bobo Doll

¿De dónde proviene la agresividad de las personas? Una posibilidad es que provenga de la imitación de patrones agresivos en la infancia. En 1961, el psicólogo Albert Bandura llevo a cabo el experimento más importante al respecto, conocido como el experimento del muñeco Bobo o Bobo Doll experiment.

bobo.gifBobo resulta ser un muñeco inflable del tamaño de un niño pre-puber y fue utilizado por Bandura para estudiar el aprendizaje social en los niños, es decir la forma en que estos aprenden por imitación.

Bandura se propuso exponer a un grupo de niños a diferentes patrones de conducta de los adultos, algunas altamente agresivas y otras sin agresividad. Luego buscó estudiar si los niños repetían la conducta vista en el adulto cuando éste no se hallaba presente. Bandura pensó cuatro hipótesis respecto de los resultados del experimento:

1- Que los niños que habían visto la conducta agresiva del adulto iban a imitarla

2-Que los niños que habían visto al adulto no agresivo iban a ser menos agresivos incluso que el grupo control (aquel que no vio ningún modelo de adulto).

3-Que los niños eran más proclives a imitar la conducta del adulto si éste era de su mismo género

4-Que los varones eran más proclives que las mujeres a exhibir conducta agresiva, en tanto la agresión tiende a estar mayormente presente en hombres.

Para el experimento, Bandura utilizó un conjunto de 36 niños varones y 36 mujeres. 24 niños fueron expuestos a conductas agresivas, 24 a no agresivas y 24 formaron el grupo control

La exposición a la conducta del adulto se hizo de la siguiente forma: Cada niño entraba en una sala y se sentaba en un rincón rodeado de atractivos juguetes. Del otro lado de la sala se situaba el adulto con el muñeco Bobo. Allí los encargados de mostrar conductas agresivas dañaban verbalmente a Bobo a la vez que lo agredían físicamente. El modelo no agresivo jugaba con otros juegos e ignoraba completamente a Bobo.

Pasado el momento de exposición al modelo adulto, los niños volvían a entrar en la salita rodeados de juguetes, entre ellos Bobo. Los investigadores estudiaban la conducta de los niños midiendo la agresión que ahora ellos presentaban a Bobo.

Bandura encontró que los chicos que habían visto al modelo agresivo tendían en mayor medida también a agredir a Bobo, los porcentajes fueron del 38,2 % de agresión para los varones y del 12,7 % para las niñas, las agresiones verbales fueron las más imitadas. Por el contrario fue escasa o nula la actividad agresiva mostrada por el grupo expuesto a modelos no agresivos, pero no fue mayor que la del grupo sin modelo, con lo cual queda indeterminada la hipótesis de que los modelos no agresivos inhiben la agresividad más que la ausencia de modelo.

En relación a los géneros, los resultados apoyaron la tercer hipótesis de Bandura. Los niños copiaban más las conductas agresivas cuando las realizaba alguien se su mismo género.

Por ultimo el experimento también corroboró la cuarta hipótesis, la frecuencia de la repetición de conductas agresivas en los niños varones fue muy superior a la de las mujeres.

Este experimento ha sido pionero en el estudio de la agresividad, y a aportado sustento a la teoría del aprendizaje social, basado en la imitación por parte de los niños de aquello que ven en los adultos.

Esto refuerza la idea de la importancia que tiene la conducta de los adultos en el ambiente familiar y el modo en que sus comportamientos marcan la conducta futura de los niños.

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