Escrito por Tendenzias

Escondiéndonos de las emociones

Estamos en la sociedad del raciocinio, todo pasa por la lógica y nada por el corazón. Sentir emociones y dejarse llevar pos los sentimientos parece que ahora es de personas sensibles lo que parece ser “sinónimo” de persona débil y vulnerable ¿Es ésta la realidad?

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En estos días parece que sentir es una prueba de riesgo, una amenaza que ni si quiera pueda pensarse como para ponerse frente a ella. Cada vez se tiende más a esconder los sentimientos en lo más profundo del corazón para que no afecten a las decisiones, a las diferentes situaciones de la vida ni al día día.

Nos encontramos con una educación que enseña a los niños a no llorar porque eso es de niñas. Adolescentes que aceptan que una persona que les ama pueda maltratarlas porque parece ser que el amor todo lo vale, dando por hecho que el amor es sufrir cuando nada más lejos de la realidad porque entonces ¿Para qué amar?. Jóvenes que prefieren relaciones de entretiempo o de una noche para salvaguardar la posibilidad de salir dañados y que ese dolor les devaste. Adultos que se encuentran encerrados en relaciones donde no hay nada que les una pero sin posibilidad de salir o en los mejores casos, personas que al fin se dan cuenta que la vida hay que vivirla y dejar de sufrir. Ancianos que envejecen en la más dura soledad porque a determinada edad se les ve como armarios con los que hay que cargar sin poder ver más allá del individualismo.

Parece que estamos en una sociedad de blancos y negros en la que perdimos hace tiempo los tonos grises del pensamiento y el sentimiento. O todo o nada. O ahora o nunca. O como dice un buen amigo “el amor está en desuso” ¿Será verdad?

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Cuando leo que cada vez hay más personas que sufren depresión, que los índices de suicidio no bajan o que las personas tienen problemas para comunicarse, sólo puedo preguntarme en qué momento decidimos dejar las emociones a un lado y convertir el corazón en sólo un músculo que nos mantiene con vida.

Las emociones nos nutren, nos permiten ver la vida como algo más que el mero hecho de respirar, vivir el momento y no contar los días para que llegue el fin de semana para descansar cuando cada día deberíamos de vivirlo como el último, como la máxima expresión de nosotros mismos en un cuerpo que es perecedero.

Es difícil escuchar un “te quiero” sin que suene extraño, ver a personas abrazándose en plena calle sin que tengan una relación de pareja, o una palabra de agradecimiento o una mirada llena de significado. Estamos en la cultura del no sentir ni expresar que sentimos, porque si amamos somos vulnerables y si hablamos de nuestros sentimientos somos personas que son débiles, las bromas aparecen en lugar de la empatía.

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Cómo no va a haber cada vez un mayor índice de personas con depresión si no podemos hablar de lo que sentimos con nadie, si no podemos nombras las emociones por su nombre, si no dejamos de ocultar los sentimientos hundiéndolos en lo más profundo para que no invadan nuestro razocinio. La primera palabra que viene a la mente cuando uno piensa en depresión es la tristeza, un sentimiento, es la salida de todo aquello que hemos catapultado durante meses. Un llanto incontrolable, como la salida de todas las emociones que no encuentran palabras, un vacío en lo más hondo de la persona como aquello que siempre ha sido escondido y que ahora no se puede rellenar.

Atrévete a vivir y deja de esconder lo que sientes, disfruta de cada uno de los rayos del sol y del reflejo de cada una de las lunas, amanece con la ilusión de descubrir que te depara la vida y aprende a encontrar el lado bueno de las cosas para que jamás puedas perder el optimismo. Puede llevar tiempo, pero el resultado es eterno, es felicidad.

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