En nuestra vida privada tenemos muy altas expectativas del poder de una disculpa. Muchos de nosotros fuimos criados en una cultura del perdón, los niños deben disculparse cuando hacen algo mal, y los adultos deben hacerlo si se empujan accidentalmente en la calle.
Qué tan altas son estas expectativas es demostrado por un psicólogo llamado David De Cremer y sus colegas en un nuevo estudio publicado en la Psychological Science. En este estudio los participantes jugaban un juego de confianza. Cada uno fue dado 10 euros y colocado con un compañero. El compañero estaba al tanto de la situación del experimento. Se le dijo a cada participante que si le daban todo el dinero a su compañero, la cifra sería triplicada y entonces el compañero decidiría cuánto de los 30 euros compartir con ellos.
El participante experimental debía darles a cada voluntario sólo 5 euros, para que los voluntarios se sientan engañados. Sólo la mitad de los participantes recibieron una disculpa, mientras que a la otra mitad se le dijo que imaginaran recibir una. Los participantes que imaginaron la disculpa reportaron sentirla mucho más valorada y “reconciliadora” que aquellos que recibieron una real.
Vía | PsyBlog
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