Escrito por Tendenzias

La metamorfosis de la adolescencia ¿Qué le pasa psicológicamente al adolescente?

La metamorfosis de la adolescencia puede resultar dolorosa, angustiante, confusa, exultante, cautivadora… Un proceso de cambio y descubrimiento, un duelo, es el paso del despertar de la latencia infantil a una nueva forma de entender la vida en un cuerpo que ya no es el mismo.

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La adolescencia ¿qué es?

La adolescencia no tiene por qué estar ligada a un momento cronológico, más bien a una etapa en el desarrollo y la maduración, tanto física como emocional, de una persona. Hay quien añadiría que podemos prever cuándo comienza la adolescencia pero difícilmente saber cuándo termina, pues nos encontramos con adultos que siguen comportándose como “niños” y jóvenes que se han visto obligados a madurar antes de tiempo.

El psicoanalista Nasio hablaba de la adolescencia como un duelo, donde se deja atrás el cuerpo del niño que ahora se va transformando en el cuerpo de un adulto, la pérdida de la identidad infantil y cambia la visión de los padres que uno magnificaba de niño.

Como todo duelo, es una etapa de sufrimiento donde tienen que elaborar las pérdidas sufridas de la infancia para poder reinventarse en la adolescencia, redescubrirse desde otro prisma diferente para poder llegar a ser.

No hay que quitarle la importancia, ni el sufrimiento ni el esfuerzo psíquico que tiene que hacer el adolescente para elaborar estas pérdidas pues es una etapa con mucho peso en su desarrollo emocional. Es importante conocer que en este pasaje por la adolescencia pueden aparecer conductas de riesgo (consumo de sustancias), hacen cosas raras con la alimentación que pueden derivar – o no – en anorexia o bulimia, incluso puede aparecer la psicosis o pseudopsicosis.

En esta etapa podemos ver cómo los cambios físicos van ligados a los cambios emocionales, cómo uno está íntimamente ligado con el otro. A continuación, vamos a centrarnos en los cambios más llamativos o importantes que sufre el adolescente.

El cuerpo del adolescente

Durante las fases psicosexuales de la infancia descritas por Freud- hablamos de ellas en el artículo “La teoría del desarrollo psicosocial de Erikson” -, el niño ha ido construyéndose una imagen de sí mismo, una imagen que en un principio estaba fragmentada hasta construir una imagen completa de sí.

En la adolescencia podemos ver cómo esa imagen puede llegar a fragmentarse de nuevo, pues los grandes cambios físicos que se producen le van a llevar a cuestionarse a sí mismo de forma constante, en la búsqueda de redescubrir su propia imagen.

Cambios físicos que, como antes mencionábamos, están ligados íntimamente a lo emocional. No podemos quedarnos en la superficialidad de indicar que la adolescencia implica un cambio hormonal que provoca la aparición del vello, el crecimiento de las mamas o la primera excitación no intencionada. Todos estos nuevos cambios generan un sinfín de preguntas y una sensación de extrañeza con el propio cuerpo, el cual tienen que volver a conocer.

La sexualidad en la adolescencia

La sexualidad hizo su aparición en la primera infancia, pero era una sexualidad infantil que carecía de la genitalidad que entendemos en la vida adulta.

En la adolescencia reaparece la sexualidad con connotaciones completamente diferentes a las historias infantiles que pudo crear acerca del nacimiento, la reproducción y la relación parental. Es el despertar de la pubertad, despertar en el mismo cuerpo con confusión, sin poder entender qué es lo que ocurre y con muchísimas preguntas acerca de todo.

Las adolescentes comienzan a hablar de la menstruación y de lo que ello implica, como la posibilidad de quedarse embarazadas si mantienen relaciones íntimas sin protección. Esto implica que ya terminan de caer las ideaciones infantiles sobre la sexualidad y se comienza a conocer el cuerpo con los ojos del adulto.

Los adolescentes comienzan a bromear más abiertamente sobre la masturbación, las erecciones y las comparaciones de sus miembros.

Es en este momento cuando las diferencias entre chicos y chicas quedan muy marcadas, tanto a la hora de reagruparse en clase como la percepción de unos y otros. Llega el momento en el que comienzan a mirarse con curiosidad y deseo, la intención de gustar o llamar la atención de otra persona, de resultar atractivo o interesante.

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Comienza, lo que coloquialmente se conoce como, el pavo. 

El adolescente en busca de su propia identidad

Una de las razones por las que la adolescencia resulta tan complicada es porque uno siente que ya no se conoce así mismo, ya no tiene las mismas necesidades ni piensa de igual manera. Los cambios hormonales son muy potentes a nivel emocional, a veces lloran sin saber por qué y al rato se están riendo; su cuerpo no es el mismo que el de hace unos meses y lo viven con tal confusión que hay momentos en los que les cuesta saber quiénes son.

Como antes mencionábamos, hay una fragmentación de la imagen que tenían de sí mismos y todos esos cambios que sienten les lleva a preguntar qué soy, quién soy y quién quiero ser.

Desde el psiconálisis se hace un planteamiento de la adolescencia que me parece muy interesante: ser adolescente es construir esa pregunta, quién soy. En el momento en el que uno puede cuestionarse, es el momento en el que pueden comenzar a construirse.

Fijaros que en la adolescencia es el momento en el que caen las figuras paternas del altar de veneración en el que se encontraban. El adolescente comienza la búsqueda de sí mismo, de sus ideas propias, de sus intentos de conseguir algo que lo defina, de llevar la contraria y de luchar constantemente hasta con quien le quiere.

Es una búsqueda constante de su identidad: ideas políticas, filosofía de vida, profesión, relaciones de pareja (homosexuales, heterosexuales, bisexuales…), intereses y hobbies, grupos de iguales… Quieren ser únicos y especiales, buscan su individualidad, aunque no pueden vivir sin sentir que pertenecen a un grupo.

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Necesidad de amar y de pertenencia en la adolescencia

Además de estas nuevas respuestas y necesidades corporales, este nuevo descubrimiento del placer, también reaparece una necesidad emocional que antes se centraba únicamente en lo más familiar: el deseo de ser amado por el otro.

Puede que aún no haya palabras para poder definir lo que va sintiendo hacia el otro, que a veces no se pueda explicar ni comprender la atracción que surge y ante la que puede responder de maneras muy distintas, pero está la urgencia de sentirse amado y mirado por otro que le devuelva algo de sí mismo.

Hay una necesidad imperiosa de no estar solo y la pertenencia al grupo se convierte en una clave fundamental de sí mismo, de ser alguien para y con los demás.

depsicologia.com

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