La UAB crea dos test para detectar la adicción al móvil y a internet
Una investigación llevada a cabo por el Departamento de Psicología Básica, Evolutiva y de la Educación de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB) ha creado dos test para detectar la adicción a internet y al teléfono móvil. El estudio para validar los dos test se llevó a cabo con una muestra de 1.900 estudiantes catalanes.

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Los resultados del estudio muestran que existen diferencias de sexo ligadas al uso de las nuevas tecnologías de la información. Mientras que el uso de internet no está ligado al sexo el uso del teléfono móvil si lo está, siendo las chicas las que más uso hacen del mismo. A medida que aumenta la edad el uso del móvil tiende a equipararse entre los dos sexos.
Los cuestionarios que pretenden detectar el uso abusivo de internet y del teléfono móvil llevan el nombre de CERI y CERM respectivamente. El primero de ellos ha sido diseñado para detectar adicciones a uso de internet y el segundo intenta encontrar procesos adictivos al teléfono móvil. Cada uno de los cuestionarios contiene 10 preguntas.
Con el CERI lo que se pretende detectar son las consecuencias que tiene en los jóvenes el uso de internet y con el CERM lo que se pretende medir son los conflictos intrapersonales e interpersonales que produce el uso desmedido del teléfono móvil.
Los estudios llevados a cabo sobre la muestra utilizada para validar los dos test nos habla de unos bajos niveles de adicción a las Tecnologías de la Información y teléfono móvil entre la muestra estudiada.
Fuente: Universia | Imagen: orsorama
- Categorias: test psicológicos
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SIN MÓVIL NO PUEDO VIVIR
Los que nacimos a caballo entre la era analógica y la digital, con lo que la desorientación que los cambios conlleva. Vemos como las nuevas tecnologías se han instalado en nuestras vidas como cosa parida y alumbrada, para dar voz de nuestras lejanas palabras .Y una de ellas, es el teléfono móvil.
La televisión en color, fue anular los mates acromáticos y bipolares colores del blanco y negro. El video reproductor, fue la magia de como tener el cine en casa. Y la telefonía móvil, allá por los noventa, parecía herramienta adjudicada sólo para ejecutivos y gentes selectas de jactancia y vanidad demostrada.
Hoy, sería impensable no tener un aparatito celular como cosa normal, y hasta necesaria en nuestra vida cotidiana. Porqué, tener la palabra en el instante y en cualquier lugar, es demasiado tentador y seductor para los alientos rotos y estos tiempos que caminan tan deprisa. Las ondas navegan como en un río de afluyente, que recurva por las sendas las palabras viajeras que circulan por el aire; de oído a oído, de boca en boca van las palabras viajando por el viento que las transporta mudables y amenas. A veces, para que se oigan nuestras tristes quejas. A veces, nuestro más anhelo deseo de ser amadores y amantes que se nos olvidaron dentro de la sien. O las medidas de ese armario de cocina que hace tiempo que debemos de comprar.
Las compañías de telefonía, suelen echar el fruto después de la semilla, buscando adeptos por los rincones más callados y silenciosos de la juventud. Para convertirlos en discípulos de la tecnología más condicional, siendo los usuarios, siervos para esta nueva “religión” tecnológica de este siglo XXI, emanando del dictado de las multinacionales ambiciosas, que se retroalimentan de la gula, de una necesidad de estar comunicado y localizado al instante.
- ¡Hostia! Me he quedado sin cobertura. ¡Esto es mi ruina!
Quitarle el móvil a un adolescente, sería como castrar su libertad más honda y de íntimo suspiro, quedando su alma quebrada y desnuda, inherente. Pues sin el artilugio, el joven traumatizado y aterrado por la impresión de desviarse del camino, tóxico y adictivo de la tecnología, se vería perdido en un mar de adversidades. Sintiéndose sólo y mutilado de su desgracia más tormentosa y de angustia más insufrible, para dejar de ser un ser comunicativo, traumatizando su participación de adicción, no de necesidad.
- ¡Mi móvil hace fotos y videos, y se conecta a internet!
Los yo-yos y las peonzas pertenecen más al “paleolítico” pasado que a los tiempos vanguardistas y bendita locura del progreso. Pues girando la cabeza sólo un poco, lo podemos ver en cercano pasado, de un ayer que no hace tanto. Donde tener un teléfono de línea ya era cosa de civilización y progreso más anticipado.
La “bestia” de la colonizadora tecnología, ha avanzado con legiones mandadas por el oráculo de los celulares, viviente imagen de la red de comunicación más agresiva, desviando el polo magnético de la locura, que señala hacia todas direcciones y puntos cardinales de nuestras estresadas y agobiantes vidas.
Ni una sola onda perdida que se evada por el camino que va al oído, ni se pueda escapar hacia el infinito cielo, corriendo el peligro (el temor) de perder el factor humano, sustituyendo los susurros por voces de metal. Y como ciudades tecnológicas, viviremos amurallados por las ondas de los wifi y los GPS, con el peligro que conlleva el sembrar semillas de soledad, quedando aislados por la piedra muerta de la muralla apantallada, invisible a los ojos, pero permeable a la visión tibia de la necesidad de conversar livianamente, para acabar encerrados en medio del expresivo silencio de un palacio desierto que es la ciudad, donde somos muchos y, a veces, parece que nadie dice nada.
Sergio Farras, escritor tremendista
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