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-     Escrito por angeles

¿Sabes escuchar a los demás?

Escuchar no es lo mismo que oír, de la misma manera que ver no es lo mismo que observar. Dicho esto, ¿crees que sabes escuchar a los demás?

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Para algunas personas, escuchar no es una tarea sencilla y no saben cómo llevarla a cabo. Por ello, muchas veces seleccionamos a quiénes contarles determinadas cosas y a quienes otras, puesto que escuchar implica mucho más allá que el mero hecho de oír las palabras pronunciadas por otra persona.

Cuando hablamos de escucha hacemos referencia a la capacidad de poder prestar toda la atención a la otra persona, mostrar interés por lo que dice, intentar comprender cómo se siente y qué es lo que está intentando transmitir, dejar los juicios a un lado para poder acoger todo lo que está contando y dedicarle ese tiempo únicamente a ella.

Por tanto, volvemos al mensaje del principio, escuchar es mucho más que oír.

Escuchar a los demás: Tu vida no es su vida

Uno de los errores más comunes que cometemos rápidamente y sin darnos cuenta de ello es que, en cuanto nos comentan algo que despierta alguno de nuestros recuerdos o con lo que nos sentimos identificados, rápidamente comenzamos a dar opiniones desde nuestro punto de vista. Qué hacer y qué no hacer, qué decir o cómo actuar en una situación.

¡Atención! Cuando empezamos a dar rienda suelta a nuestros recuerdos, incluso antes de verbalizarlos, estamos dejando de escuchar a esa persona y, es más, comenzamos a interpretar todo lo que nos cuenta desde nuestra experiencia y nos olvidamos de que es una persona diferente, con una vida diferente, un sentir y un pensar propio que no es el mismo que el nuestro.

Escuchar a los demás: Lenguaje no verbal

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Otro de los elementos clave en esta escucha es el lenguaje no verbal, esas expresiones que a veces son inconscientes pero que dicen tanto de nosotros: contacto visual, posición corporal, si uno asiente o niega con la cabeza, los gestos faciales, un acercamiento físico, etcétera.

Si uno quiere servir de apoyo realmente a la otra persona, ha de cuidar su lenguaje no verbal. Hay personas que sufren mucho cuando intentan abrirse a los demás, cuando intentan contar aunque sea un poquito de su vida o hay situaciones que resultan dolorosas compartirlas a los demás.

En estos casos, es muy importante cuidar las expresiones faciales y los gestos para no hacer que esa persona corte su discurso y deje de hablar. Hay que poder ofrecerle ese espacio acogedor que hablábamos antes y que pueda contar con uno.

Escuchar a los demás: Respetar sus tiempos

Saber escuchar a una persona también es ofrecerle un espacio, respetar sus tiempos sin atosigarla para que cuente todo con pelos y señales. En muchas ocasiones, hay que esperar a que la otra persona esté lista para contar y uno sólo puede estar ahí, apoyando en silencio, esperando incondicionalmente hasta que puede decir la primera frase.

¿Puede ser agotador? Claro, dependerá de cada caso, de la amistad o de la situación en la que te encuentres, pero todos necesitamos unos tiempos para ordenar nuestros pensamientos, para sentirnos fuertes y poder contar nuestra historia.

Escuchar a los demás: Preguntas abiertas

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Una de las formas más bonitas que hay para poder respetar los tiempos de la otra persona y demostrar interés al otro es con el uso de las preguntas abiertas.

Las preguntas abiertas no son concretas, son aquellas que permiten al otro poder contestar lo que quiera como ¿Qué tal estás?, ¿Cómo te ha ido el día? De esta manera, el control de la conversación está en ambos y no da la sensación de que uno está interrogando mientras el otro narra, sino que tiene la libertad y el espacio para poder hablar.

Escuchar a los demás: Hacer de tripas corazón

Hay veces que para poder escuchar a otra persona uno necesita hacer de tripas corazón, porque no todo el mundo tiene una historia ligera o se puede encontrar en una situación que a ti te revuelve tu historia.

Escuchar de verdad también implica que uno se expone personalmente a lo que el otro le tiene que contar. Es necesario tomar cierta distancia, con independencia del ámbito del que estemos hablando, para poder escuchar al otro y poder acompañarle en todo ese discurso sin que uno acabe derrotado también.

La empatía tiene que estar presente pero sin que uno acabe dejando el pellejo puesto que estaríamos perdiendo la capacidad de escuchar al otro y estaríamos bañando en nuestra propia historia.

Esto no implica que cuando uno escuche deje de sentir o de ser humano, si no recordar que los sentimientos y las emociones del otro son del otro, no son propias, lo que escuchamos puede afectar pero hay que dejar que se vaya y no quedarse aferrado a ello.

Escuchar a los demás: Guarda tus consejos para ti

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Que alguien se abra a ti y te cuente sus cosas no implica que tengas que ponerte a dar consejos o te conviertas en un libro de autoayuda, recitando frases como un oráculo o dirigiendo como si fueras su mamá.

A veces, los consejos pueden ser las tijeras que corten las alas de otra persona pues dejan de pensar y elegir por ellos mismos para hacer lo que otros han recomendado, creyendo que los otros saben más acerca de su vida de lo que ellos mismos saben.

La realidad es que nadie aprende en cabeza ajena y aunque tú sientas que sabes qué es lo que le conviene, no siempre es la mejor idea decirle lo que debe hacer.

Como amigos, familiares o pareja pues uno tiende siempre a dar su opinión pero escucha primero si te la están pidiendo, después valora qué tipo de persona tienes delante y cuánto sabes acerca de lo que esa persona tiene que hacer. Después, habla.

Escuchar a los demás

¿Escuchar es una tarea sencilla? Parece ser que no pero siempre se puede mejorar, practicar y fomentar la escucha.

Cuando uno realmente escucha al otro, con sus entresijos y haciendo ese esfuerzo por centrarse en esa persona, va a sentirse de una manera diferente y va a hacer que la otra persona también se sienta más liberada, con un sentimiento de confianza y de haberse sentido acompañado, comprendido.

No hace falta escuchar únicamente las cosas más dolorosas de la vida, a veces se necesita que a uno le acompañen también en las alegrías o en los recuerdos.

Hay mucho que escuchar y muchos a quienes escuchar ¿no creéis que es eso también lo que demandan las personas mayores y los más pequeños? Escucha real, tiempo de calidad.

Escuchar a los demás: artículos

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depsicologia.com

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