Escrito por Tendenzias

¿Qué es el TDAH?

El TDAH, trastorno de déficit de atención con o sin hiperactividad, es uno de los trastornos más sonados y mediáticos.

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El TDA-H es uno de los trastornos que ha generado más revuelo en el cuerpo médico, tanto psicólogos como psiquiatras, neurólogos y pediatras, se plantean cuáles son los mejores tratamientos para hacerle frente.

Hace años el TDA-H comenzó a estar en el punto de mira de muchos profesionales debido a la sobrediagnosticación de la misma y la entrevista que se realizó al descubridor de este trastorno, que nos llevó a escribir este otro artículo que os recomendamos leer:

El TDAH ¿la enfermedad ficticia?

En la actualidad la sobre diagnosticación se mantiene y cada vez nos encontramos con más niños pequeños etiquetados con este trastorno.

¿Qué es el TDAH?

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El TDAH-H no es una enfermedad en sí mismo, sino un conjunto de síntomas comportamentales como son la falta de atención, la hiperactividad y la impulsividad.

Estos tres caracteres son sinónimos de la infancia, donde vemos a niños que no paran quietos, que se quedan embobados siguiendo el vuelo de una mosca o que no son capaces de controlar su impulsividad. Por tanto, esto ha generado que todo el mundo se pregunte dónde están los límites reales que ayuden a diferenciar la patología de la salud.

Sumémosle que este trastorno no tiene un causa clara ni identificada, por lo que tampoco podría hablarse de un tratamiento eficaz y que sea válido para todo el mundo. En la actualidad, cuando se hablan de las causas del TDAH se suelen barajar multitud de variables como la genética, el entorno, la salud durante el embarazo, entre otros.

TDAH, un diagnóstico paciente

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Regresemos a la reflexión anteriormente planteada, diferenciar la patología de la salud. Es fundamental, necesario e imprescindible que para hacer un diagnóstico de TDAH se haga de manera individualizada y personalizada en el individuo, que se tengan en cuenta aspectos fundamentales como el ambiente familiar, la historia de vida del paciente, su vida escolar, sus relaciones sociales, su desarrollo neurocognitivo, etc.

Todo ello requiere de tiempo y no de dos sesiones o de pasar un test. Personalmente, considero imprescindible las entrevistas con la pareja de padres, al igual que entrevistar al niño en varias ocasiones para poder ver su funcionamiento cuando ya se establece un vínculo con el psicólogo.

Esto puede sonaros lógico y racional, siempre es importante realizar un buen diagnóstico o establecer todas las bases para que haya el menor índice de error pero, también tengo que deciros, que esto no se da siempre.

Hay que tener cuidado con las etiquetas que ponemos, no sólo porque jamás van a borrarse y las implicaciones que supone a nivel familiar y/o social, también debemos de plantearnos qué papel puede estar jugando esa etiqueta en la familia y si dicho diagnóstico puede ser el freno que impida que los padres se cuestionen qué es lo que está ocurriendo a su hijo, si ellos pueden estar implicados o qué más pueden hacer.

TDAH: Tratamientos más allá de la medicación

El medicamento utilizado son psicotropos – base de metilfenidato, un psicoestimulante – que tiene como objetivo aliviar los síntomas.

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La sobre medicación ha sido una de las razones por las que tantos profesionales se han llevado las manos a la cabeza y se han preguntado que por qué, o si hay estudios que nos muestren cuáles son las consecuencias de medicar a esos niños desde tan temprana edad, cuando sus cerebros todavía no están completamente formados o si no habrá otros tratamientos posibles que puedan favorecer sus vidas.

No puedo ponerme en contra de la medicación cuando es necesaria pero sí incentivar la reflexión y la necesidad de precaución. Los efectos secundarios a corto plazo sí que los estamos pudiendo ver en la consulta y los pacientes los manifiestan abiertamente. Consecuencias que muchas veces se palían con la prescripción de más medicamentos para poder disfrutar de, por ejemplo, un ritmo de sueño regular ante la pérdida de sueño. También se ha constatado el retraso en el crecimiento, afectividad escasa, signos de apatía, falta de apetito, entre otros.

Lo ideal es que, en los casos que resulte imprescindible la medicación, ésta se combine con otro tipo de tratamientos que le permitan seguir evolucionando favorablemente. Hay una gran variedad de opciones que ha de ser valoradas por los profesionales y los padres, como: psicoterapia individual o familiar, psicoterapia grupal, psicodrama, psicomotricidad o también otro tipo de actividades que pueden beneficiarle como el deporte o áreas en las que pueda desarrollar su creatividad.

Dicho esto, no nos olvidemos que es fundamental hacer un seguimiento de la medicación para que se pueda evaluar su estado y utilidad a largo plazo.

Hasta aquí todo bien, el problema continua cuando vemos que se ha asociado a la medicación con la solución fácil y rápida que todo padre necesita para poder tener un niño no molesto. Esto podemos escucharlo en otros términos menos burdos en jornadas de profesionales o coloquios donde son las farmacéuticas quienes financian los estudios o incluso el programa de la charla. Por desgracia, no estoy hablando de algo ajeno.

¿Mi hijo tiene TDAH?

En el trabajo profesional y contrastando con colegas, nos hemos encontrado a padres que llegan a la consulta con la pregunta de si su hijo no tendrá TDAH. Claramente, uno les pregunta por qué piensan eso y la respuesta es variada: no obedecen, son muy inquietos, no paran de tocarlo todo, se despistan, en clase son revoltosos, contestan mal, hay que hacer lo que él quiere, etc.

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Antes, cuando el TDAH no tenía tanta relevancia a nivel social, estos niños eran considerados como niños muy activos, puede que agotadores o molestos, pero nadie se plantearía si lo que hay debajo es un problema psíquico en el niño.

Sin ninguna duda, podemos encontrarnos con sintomatología de TDAH en las consultas y habrá maneras de proceder para cada una de ellas y en función de la orientación de cada uno pero, el hecho de que exista, no implica que todo sea poner una etiqueta rápida y una medicación.

Se han hablado de casos en los que, para manejar las quejas y llantos de los pequeños, desde muy temprana edad se les sentaba frente al televisor (excesiva estimulación) porque así estaban callados y no daban guerra, lo que luego se ha convertido en un problema para poder atender a algo que ofrezca una baja estimulación como puede ser una pizarra durante las clases.

Son muchos casos y no podemos generalizar, esa es la realidad, pero si los he mencionado aquí es para que todos podamos pensar y reflexionar a cerca de la diferencia entre la patología y la salud cuando hablamos de TDAH, de las dificultades paternas y las filiales.

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No nos olvidemos que los niños son muy movidos, necesitan la atención de aquellos a quienes quiere, tienen una sana necesidad de saber y preguntar por todo, piden tiempo de calidad, son impulsivos por naturaleza y a veces parece que quieren desentrañar el mundo para saber lo que lo mueve. Así son los niños, frente una sociedad en la que los adultos han dejado de poder dedicarles tanto tiempo, en el que todo ha de ser ya mismo y a veces uno no sabe cómo manejarse con todo ello.

En cualquier caso, lo ideal es poder acudir a un profesional con el que hablar sobre estas dudas, que pueda hacer un diagnóstico y ofrecer a los padres una respuesta para hacer frente al diagnóstico que sea.

depsicologia.com

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