¿Cómo decirle a un hijo que sus padres se van a separar?

Cada año aumenta el porcentaje de divorcios, pero es importante tener muy presente que los hijos no se divorcian también en este proceso. En este artículo vamos a reflexionar acerca de aspectos que a veces se pasan por alto, por la propia angustia de los padres durante el proceso, sobre cómo decirle a un hijo que sus padres se van a separar.

Patricia Prudente unsplash

El divorcio es una crisis vital que enfrenta a uno a la soledad, al fracaso del matrimonio, a la pérdida de lo que podría haber sido, al dolor y al sufrimiento. Un divorcio no solo son aspectos legales, un divorcio también es emocional y puede ser mucho más largo, tedioso y angustioso, pues requiere de más tiempo. Si ese divorcio emocional no se resuelve, no se supera, puede cronificarse y afectar tanto a la vida personal del cónyuge como a la vida de los hijos.

El lugar que ocupa el hijo en el divorcio

A veces de forma consciente, otras sin darse cuenta de la gravedad que supone para el infante o el adolescente, los hijos se pueden convertir en metralla durante un divorcio, como un objeto más a repartirse o a quitarle al otro, o un objeto que se puede utilizar en favor propio. Un hijo, sin duda alguna, no es objeto si no sujeto que padece, que siente.

El hijo no es el que ha de cuidar a uno de los progenitores frente a la violencia del otro o porque uno se encuentre desvalido emocionalmente. Tampoco ha de convertirse en un espía ni se le puede retener para que no vea al otro progenitor. Un hijo no es un confidente de las desgracias o malestares de sus padres, por muy maduro que se le pueda percibir.

Como decirle a un hijo que sus padres se separan

A un hijo hay que protegerle de los conflictos de los padres. No ha de estar en medio de la batalla que puede suponer un divorcio cuando alguno de los progenitores no ha superado la separación.

¿Cómo explicarle a un hijo que sus padres se van a separar?

No hay una fórmula mágica para explicarle a un hijo que sus padres se van a separar, pero sí que hay algunos aspectos que se pueden cuidar para que ese proceso de asimilación sea mejor.

En el momento en el que ya se ha decidido que va a haber un divorcio, es decir, que la ruptura es definitiva, es importante que ambos padres se lo cuenten y, tras ello, den pie a un diálogo. Es decir, antes de que se comiencen los trámites legales hay que decírselo para que puedan tener tiempo de asimilarlo, de pensar en cómo va a ser su vida futura, que puedan hacer sus preguntas a ambos, pues no hay que olvidar que también se va a modificar sus vidas.

No es necesario que se expliquen todos los motivos del divorcio. Siempre hay que adaptar la información a la edad del hijo y no hace falta entrar a intimidades que solo pueden dañarle. Simplemente, y complejamente, se ha tomado una decisión que es mejor para todos para poder vivir más tranquilos.

En esta conversación se le puede anticipar que, tras haberlo hablado y decidido juntos, en unas «x» semanas uno de los cónyuges se va a ir del domicilio. Si después de hablarlo con los hijos se mantiene la convivencia esas semanas que se le han señalado se le da tiempo a que pueda ir pensando, preguntando hablando con ambos padres y expresando libremente su tristeza, su cabreo, su confusión… Son días en los que se ha de estar listo para ser contenedor y acoger su angustia.

Como explicar a un hijo el divorcio

Dejar siempre bien claro que quien se separa son los esposos, no los padres. ¿Qué quiere decir esto? Que se le puede explicar que ahora van a vivir en casas diferentes pero que, como padres, van a estar ahí siempre para apoyarle aunque no vivan bajo el mismo techo. Que aunque uno se vaya del domicilio familiar no quiere decir que deje de ser su mamá o su papá, que ambos estarán colaborando para seguir ofreciéndole los mejores cuidados.

Es muy común que los hijos teman que sea por culpa de ellos que los padres se separan. Es muy importante explicarles y dejarles muy claro que esta decisión no tiene que ver con ellos, es una decisión que han tomado ellos como pareja.

Es fundamental hacerles ver que no tienen que tomar partido por uno u otro, que no hay un bueno o un malo. Es importante proteger la figura de ambos padres para él, no malmeter ni que familiares cercanos lo hagan tampoco.

Contarle que en cada una de las casas de sus padres va a tener un espacio suyo, con sus pertenencias (puede ser ropa, juguetes, libros…).

Muchas veces los padres piensan que es su estado civil el que va a afectar a la salud mental de los hijos, pero no es así. Lo que afecta a los hijos es cómo cada uno de ellos siga ejerciendo su maternidad o paternidad. Si aunque no vivan bajo el mismo techo, el progenitor le sigue ofreciendo seguridad, confianza y amor, si se sigue sintiendo querido e importante, va a estar bien. Si el entorno en el que está creciendo le protege de los malestares que pueda haber entre los padres, si vive y crece en un espacio lejos de la ira y el desamor, podrá crecer mejor.

Es importante estar pendientes de los hijos, no solo por lo que puedan decir con palabras, si no porque también pueden aparecer síntomas físicos que tienen que ver con algo emocional: inapetencia, dificultad para dormir, terrores nocturnos, ansiedad… Es lógico que un cambio así genere un impacto a nivel emocional. Pero, si veis que se alarga en el tiempo o tenéis dudas, consultad con un profesional.

Fuente: 

  • «Los niños no se divorcian» libro de Beatriz Salzberg
  • «Ampliando el mundo (6 -12 años)», Crecer juntos, Beatriz Salzberg y María Luisa Siquier
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