La caja de pandora de la agresividad oculta

Echemos una mirada sobre aquellos cibernautas que encuentran en las redes sociales un campo fértil para la descarga agresiva y que en algunos casos se puede tratar de personas que presenten algún tipo de trastorno emocional o patológico.   Violencia en las redes sociales Actualmente, y desde ya hace un tiempo largo, las redes sociales […]

Echemos una mirada sobre aquellos cibernautas que encuentran en las redes sociales un campo fértil para la descarga agresiva y que en algunos casos se puede tratar de personas que presenten algún tipo de trastorno emocional o patológico.

 

Violencia en las redes sociales

Actualmente, y desde ya hace un tiempo largo, las redes sociales forman parte del común denominador de nuestra vida cotidiana, en ella depositamos desde la esperanza de un nuevo empleo hasta la posible conquista de un viejo amor. Hoy en día atraviesan casi todas las franjas etarias y dependiendo del grado de implicación de las personas, podemos identificar diferentes patrones de conducta frente a las redes sociales.

Pero lo que encontramos en las redes, y que es difícil de adjudicar a un sector en particular es el grado de violencia que se desata en los comentarios anónimos y personalizados frente a las «ciber discusiones». Podemos encontrar descalificaciones de lo más variopintas, comentarios hirientes de todo tipo y color, límites que parecen no existir a la hora de “atacar” o “defender” una idea en una red social. Esta violencia no es la que se vivencia día a día en las calles o en las relaciones interpersonales. La pregunta es ¿Por qué encuentra cobijo inmejorable para desarrollarse en internet?

A simple vista

Lo primero que se puede plantear como hipótesis es el claro anonimato que nos ofrece el mundo de internet, pero esto no parece ser suficiente para explicar la avalancha de aparente violencia interna que se desata a veces a la hora de confrontar ideas en la web. Además, cabe destacar que en redes sociales como Facebook, dicho anonimato es relativo ya que la mayoría de los usuarios utilizan sus nombres y apellidos reales.

Es entonces que aparece un fenómeno que también forma parte de nuestra vida social interpersonal y que muchas veces nos ayuda en ciertos momentos en que necesitamos un empujón emocional, la desinhibición.

Internet o el mundo de las redes sociales nos producen una ilusión de anonimato y desinhibición.

Por definición la desinhibición es: el comportamiento de la persona que ha perdido la vergüenza o el miedo que le impedía actuar de acuerdo con sus sentimientos, deseos o capacidades.

Por lo tanto, si dicho miedo que era el encargado de que frenáramos los impulsos violentos que se nos presentan en el tránsito por la vida diaria, ha desaparecido o está invisible para nosotros en ese momento por el contexto en el cual nos encontramos, tenemos un campo fértil para expulsar todo aquello que tenemos guardado en nuestra mochila pesada y cargada de actitudes políticamente incorrectas socialmente mal vista, llámese sentimientos discriminatorios, angustias, agresividad de cualquier tipo, xenofobias, poca tolerancia a las ideas diferentes, etc.

¿Quiénes están del otro lado de la pantalla?

El problema con esto es que se nos hace difícil darnos cuenta que las redes sociales de alguna manera forman parte del todo gregario en el que vivimos y que esas fotos de perfil y esas letras o comentarios que aparecen pertenecen a una persona real que está del otro lado de la pantalla.

También y para ser consecuentes con nuestra editorial psicológica, vamos a dedicar unas líneas a aquellas personas cuya realidad escapa o dista un poco de una simple descarga o inhibición y se ubican en el campo de la patología.

Es así que encontramos a quienes utilizan las redes sociales con el fin de agredir o generar violencia en las mismas. Dichos actores son llamados “Trolls”.

El nombre es simplemente una etiqueta pero existen muchos tipos de personas que utilizan las redes sociales para generar violencia.

Su comportamiento es generalmente similar, suelen «irrumpir» en las conversaciones y siempre llaman la atención por encima de los demás, porque su intención primaria es precisamente hacerse notar. Para ello usan un lenguaje agresivo, sin filtrar lo que dicen y también suelen utilizar la amenaza como herramienta.

Estas personas pueden tener un trastorno antisocial en la vida real (son sádicos y narcisistas), lo que los convierte en una especie de psicópatas de Internet. Hay estudios académicos que relacionan las horas que estos individuos pasan en Internet con su falta de empatía con el mundo exterior y con las relaciones personales. Así, acaban tratando a los demás como objetos en lugar de iguales y cuando cierran la sesión no sienten ni entienden que acaban de hacerle daño a una persona. No tienen la capacidad de sentir.

Evitemos el contacto tóxico

Cuanto mayor es la devolución por parte de los otros usuarios, y la interacción y reacción a su violencia, crece mucho más la actitud violenta de este tipo de cibernautas, se alimentan de ello. Si por el contrario su presencia pasara inadvertida, seguramente irían en busca de otra presa. Pero nunca abandonaría su conducta agresiva.

Por si acaso tienen ganas de una buena batalla por las aguas de internet, hay que tener en cuenta que no somos tan anónimos y que las redes forman parte de nuestra cotidianidad, las integran. Simplemente seamos conscientes que nuestros actos, por más virtuales que sean, tienen consecuencias en nosotros mismos y en los demás.

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