Escrito por Tendenzias

Las consecuencias del Efecto Pigmalión en el aula y en casa

¿Qué es el Efecto Pigmalion?, ¿Pueden determinar los profesores y los padres las conductas de los niños a través de las expectativas que ponen en ellos?

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Las expectativas que tenemos sobre una persona pueden determinar la manera en la que la vemos, cómo entendemos lo que nos dice y cómo valoramos las conductas que realiza. Podríamos decir que las expectativas se convierten en un filtro inconsciente por el que pasan tanto aspectos positivos como negativos que pueden duplicar su fuerza.

Uno de los grandes problemas de las expectativas es que nos pueden resultar tan inconscientes para nosotros mismos como los prejuicios que podemos tener. De esta manera, ambas pueden llegar a convertirse en una certeza para el profesor o para el padre que impida que puedan imaginar en el niño otro tipo de posibilidades; por ejemplo, un niño que mantiene una conducta disruptiva en el aula y que ya queda marcado con una etiqueta descalificativa, va a ser muy difícil quitarle esa etiqueta y esperar que pueda hacer algo diferente.

En anteriores artículos ya hemos hablado del valor de las etiquetas, lo hicimos en referencia a las etiquetas diagnósticas que muchos profesionales de la salud utilizan. En esta ocasión, podríamos estar haciendo frente a la misma suerte para el niño que la que tiene el paciente, despegarse de esa etiqueta e intentar ser alguien diferente, va a resultar una tarea compleja pues incluso el niño encontrará una identidad en esa etiqueta por negativa que sea.

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Y cuando estamos haciendo referencia a la identidad que encuentra en esa etiqueta, estamos hablando de la imagen que tiene de sí mismo, de su autoconcepto y su autoconfianza, pues si las personas adultas que pasan más tiempo con él tienen unas expectativas que no son acordes a sus necesidades, sean expectativas positivas o negativas, las consecuencias de éstas son nefastas.

Un ejemplo de las consecuencias de las expectativas son los niños en los que se tiene una expectativa excesiva, lo que se traduce para ellos en una exigencia muy alta pues tienen que hacerlo todo perfecto y conseguir el mayor número de éxitos posibles sin errores. La consecuencia de esto es que terminan por infravalorar la realidad e infravalorar todos sus logros. Nada es suficiente.

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Con todo lo explicado como base, podemos definir el Efecto Pigmalión como la influencia que generan las expectativas o las creencias que tenemos sobre los demás sobre su propio rendimiento. Si un niño es tachado en clase como inquieto, cuando pase al siguiente curso y a la nueva profesora la avise su colega de este alumno, todo lo que él haga en el aula ya estará determinado por esta creencia y las expectativas serán negativas, por lo que puede dedicarle menos tiempo o regañarle más, incluso por cosas que no haya hecho.

Un efecto a tener en cuenta todo aquel que trabaja con niños como los padres, pues como padres también podemos etiquetar a un niño como tranquilo y al otro como inquieto ¿quién tiene más posibilidades de liarla en casa? Sin duda alguna, puede provocar un trato diferencial entre los hijos, expectativas diferentes y no sanas.

Os propongo esta frase para pensar:

“Todos somos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar un árbol, vivirá toda su vida creyendo que es estúpido.”

Albert Einstein

depsicologia.com

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