¿Cómo afrontar los conflictos familiares en Navidad?

La celebración de la navidad, sea o no desde un ámbito religioso (porque actualmente es mucho más que la natividad), es tanto un espacio para el encuentro como a veces lo puede ser para el desencuentro.

El encuentro navideño para el desencuentro familiar

Más allá de la celebración de la Navidad, esta fecha a veces se convierte -también- en un día para la confrontación y el desencuentro: expectativas insatisfechas, rivalidades, rencillas pasadas, excesos y desinhibiciones, ovejas negras, temas candentes, la crítica, el mal entendido, la obligación… Lo tiene todo ¿verdad?

Las reuniones familiares traen a la superficie aspectos atemporales de nuestra historia. Viejas rivalidades de las que uno puede no ser consciente y que acaban convirtiéndose en un pulso si uno no las tiene bien ubicadas o trabajadas. Algunos ejemplos tontos pero cotidianos: dónde se celebra la comida o la cena, quién paga, quién diseña el menú, si se admiten o no platos traídos por los demás, si alguien ocupa -o siente que ocupa- el papel protagonista o el siempre olvidado, etc. Puede aparecer también de otras maneras como las críticas gratuitas a la comida, al espacio donde se realice la cena, comentarios hacia el cuerpo de los otros, etc.

En algunos de estos encuentros también es común que aparezca el relevante tema de las ausencias de la familia. Ya ni si quiera es que uno extrañe a sus muertos o que los pueda llorar acompañado. Hay muchas familias que se deshacen tras la muerte de los progenitores (abuelos, por ejemplo), que no siempre va tan ligado a las herencias como se suele pensar, y ya no hay juntanza ni celebraciones. Desaparecen tanto los vivos como los fallecidos, lo que suele resultar impactante para muchos miembros.

Después ya están otros motivos más claros y conocidos por todos, las discusiones por temas políticos o por causas sociales. A veces, pareciera que uno ya va preparado con la artillería pesada para generar revuelo, enfrentamiento y que «salga el sol por donde quiera». ¿Será ésta una manera velada de poder decir algo más?

En definitiva, todos somos personas con una manera particular de ver el mundo y de vivirlo. Cada uno tenemos una historia personal que puede diferir de lo que los demás ven, piensan o sienten sobre nosotros. Por ello, fechas como éstas que son más intensas, familiares, con más roces, puede haber tanto grandes gestos de amor como malos entendidos y, queriendo o sin querer, utilizar este espacio para exponer o reprochar un malestar personal frente a la familia (como conjunto o un miembro).

¿Cómo evitar los conflictos de Navidad?

Si cogemos la varita mágica de los consejos generales para todo el mundo y que después haga uno lo que buenamente pueda, lo que buenamente quiera, pues apunta:

Lo ideal de los ideales, no solo para las navidades si no para todos los espacios de tu vida, es que puedas ir a la Navidad familiar con mente abierta y en paz. Te permitirá escuchar los discursos de los otros con menos juicio, lo que puede facilitar que no te genere tanto impacto cuando te parezca que, a diferencia de ti, está viendo las cosas desde el Neolítico.

En familias que ya se han producido grandes discusiones por temas políticos (o similares), directamente, ya vetan estos temas con anterioridad y está acordado por todos. Si sale el tema igualmente en la conversación, porque a ver quién se resiste a menear la colmena, se corta amablemente -nada como una broma- pero con contundencia.

Escoge con quién te apetece sentarte a la mesa y haz por ocupar ese sitio. Puedes decirlo directamente. Al final, escoger tu entorno va a facilitar tu comodidad, conversaciones más a tu gusto y encontrarte más arropado.

Si te sientes demasiado sobrecargado del ambiente que hay en la mesa, siempre puedes salir del espacio para ir recogiendo las cosas de la cocina. Te dará un respiro.

Si desde tu perspectiva ya «están volviendo a lo mismo» y quieres cambiar la dinámica, siempre puedes ser tú el que coja el guión de la mesa: propón temas de conversación, haz preguntas concretas a las personas que más suelen generar controversia en la mesa, o incluso propón cantar unos villancicos o canciones típicas de vuestra familia, un juego en el que todos participen… Te servirá para destensar y animar el ambiente, al igual que dar un giro para evitar la repetición.

Para todo, el humor es la mejor herramienta siempre que ésta esté bien utilizada. Con una broma, buen tono y una sonrisa amable se puede cortar una conversación, una crítica, un inicio de algo despectivo y reencauzarlo para que la serenidad continúe.

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