Cómo pasar la Navidad sin nuestros seres queridos

Independientemente de la religión que cada uno profese, la Navidad es una festividad profundamente ligada a lo familiar. Son días en los que los reencuentros hacen que las ausencias se noten como aguijones, por lo que muchas personas pasan por días de profunda tristeza, ansiedad, mal humor… Hay un deseo de estar solo y a la vez de sentirse acompañado. Te compartimos algunas ideas de cómo pasar las navidades sin tus seres queridos.

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Navidad sin un ser querido

Hablemos claro. El tiempo no cura las heridas, es lo que hacemos en ese tiempo lo que hace que nuestras heridas sangren menos. Es así de duro y de complejo. Esperar a que el dolor pase o se nos haga más llevadero está totalmente reñido con la realidad. Es lo que hacemos por nosotros mismos, por no caer, lo que puede abrir la puerta a estar «mejor». No bien, no como antes, no estupendo. Solamente estar mejor. Lo demás, requiere de más tiempo y más trabajo personal, partiendo de que el «como antes» es una temporalidad que ya no existe, pues se puede estar alegre o más liviano pero uno ya ha pasado por una experiencia que marca, una herida que no solo ha sido un dolor, si no que también es aprendizaje y sabiduría.

En psicología es lo que llamamos elaborar el duelo. Un proceso -transcurso de tiempo- en el que uno transita por un mar de emociones diferentes que reagrupamos en fases y que, si todo va bien, concluye en una aceptación que permite reajustarse a la vida diaria a pesar de la pérdida. Pero, como todos sabéis, hay quienes nunca llegan a superar una pérdida, es decir, vivir a pesar de ella. Sea como sea, cuando se está convirtiendo en algo excesivamente doloroso a pesar del paso del tiempo o que uno siente que no puede solo con ello, es importantísimo consultar a un profesional de la salud mental.

Y con todo este contexto de sufrimiento, de ausencia y pena llegan las navidades. En un tránsito deseable por el duelo las primeras navidades son las más duras. Pareciera que hasta los pequeños gestos y rutinas de estos días se convirtieran en estímulos para nuestra memoria, trayendo al presente recuerdos constantes de la persona amada que ya no está. A veces se dan como flashback o destellos, otros son recuerdos más nítidos y otras veces se quedan en sensaciones agridulces.

Por ello, es de lo más frecuente que durante esta fechas uno sienta una mayor tristeza, que no tenga ninguna razón para celebrar nada, que busque estar solo (aunque luego la soledad le pese), que esté de mal humor o irritado, que salte con más agresividad en las discusiones o ante lo que pueda percibir como un conflicto, que se vea como una persona incomprendida y profundamente cabreada porque, tras su pérdida, nada tiene sentido. 

Por otro lado, también hay quien pueden sentir culpable por tener ganas de celebrar estas fechas o por no sentirse tan triste en comparación con otros, o por simplemente esta vivo y no haber fallecido como su ser querido. Son días en los que las ausencias remueven los cimientos del alma.

En años posteriores, si el duelo ha podido concluir, esos recuerdos permanecen y reaparecen, resurgen no solo de gestos, también de conversaciones o incluso se pueden evocar. A los ausentes se les hace ya presentes porque, aunque duele, ya no es ese dolor sordo clavado en el pecho, ese nudo en la garganta que hacía que costara hasta ingerir líquido. Uno hace presente al ausente con una sonrisa y los ojos brillantes de emoción.

Si hablamos de un duelo que se ha quedado enquistado, no hay final para el dolor, no hay aceptación.

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¿Cómo afrontar la navidad sin un ser querido?

Hablar, el uso de la palabra con sentido, dándole un peso e importancia a la misma, es la mejor recomendación que podemos daros ante cualquier dolor o conflicto emocional. Si lo pensamos desde el dolor de la pérdida en fechas como las navidades, esto se convierte en fundamental.

¿Navidades juntos o en soledad?

Pongámonos en el caso de que el ser querido que has perdido se trata de un familiar que formaba parte del grupo de personas con las que celebrabas estas fechas. Lo ideal es que, con antelación, te pongas en contacto con las personas que sueles celebrar cada fecha y propongas, escuches también, lo que cada uno quiere hacer.

Hay ausencias que rompen, no solo a uno, pareciera que esa persona era el sostén de la familia y entonces ya no hay motivo para juntarse. En otras familias, a pesar de la importancia de las ausencias, se siguen encontrando razones para unirse para celebrar y dar gracias. Otros necesitan tiempo para volver a celebrarlo todos juntos.

Se dice que las penas compartidas pesan menos, lo cual viene fenomenal también en estas fechas, pero uno ha de estar preparado para compartirlas o si se desea compartir estas fechas sin hablar del tema, dejarlo claro para ir tranquilo. También para otras personas es imposible temporalmente volver a estar allí y rompen con la rutina para celebrar las navidades de una forma completamente diferente.

No hay respuesta correcta o incorrecta, no hay actitud válida o no válida. Son elecciones de cada individuo y, lo importante, es poder escucharlas, respetarlas y tener claro qué es lo que uno mismo quiere hacer.

Afronta la nueva realidad

No es sencillo pero es necesario afrontar la nueva realidad. Hay una silla que no se va a volver a ocupar, hay un lugar a la mesa que va a estar cargado de ausencia aunque otro ocupe el sitio. Hay una voz, una risa, una sonrisa o una regañina que no va a volver a ser dicha. Unos villancicos que ya no van a volver a sonar a lo mismo. Al igual que habrá anécdotas que también falten, besos y abrazos que ya no sepan a lo mismo.

Es una realidad. Dura y doliente, pero una realidad.

Es fundamental que no se niegue dicha realidad ante los niños ni adolescentes. No hace falta compartirles todo el dolor, ni muchísimo menos apoyarse en ellos. No. De lo que hablo es de poder ponerle palabras a los sentimientos, de que no pasa nada por emocionarse, por poder decir estoy triste o hablar en pasado de una persona.

Los niños y los adolescentes también habrán perdido a ese ser amado, también notarán -por pequeños que sean- que alguien falta, que no es lo mismo, y eso les generará sentimientos para los que a lo mejor no tienen palabras para describirlos, lo que no quiere decir que no lo sientan. Si nosotros, como adultos, podemos normalizar el duelo, la pena, la rareza y extrañeza de la ausencia, facilitaremos que ellos también puedan transitar por las suyas de otra forma.

Como afrontar navidad sin ser querido

Recuerda

Cada familia y cada persona afronta y enfrenta la pérdida como puede. No hay formas correctas, hay sentimientos nada más y soluciones adaptativas hasta que duele menos.

Hay quienes ponen cerca de la mesa de navidad o que cuelga del árbol fotos de las personas que ya no están para hacerlas presentes, para sentirlas más cercas en la ausencia. Otros que cantan las canciones favoritas de ellos al finalizar la gran comida. Otros que pueden preparar un plato a la manera de la abuela, por ejemplo, o que se crea -sin haberlo preparado previamente- un espacio de recordar anécdotas del ser querido.

Sin darnos cuenta, son esos recuerdos y momentos compartidos los que hacen que la pena se comparta con los demás, se tiendan lazos invisibles con los afectos de los otros, sin que sea necesario decir con todas las palabras «la echo de menos» y otro responda «yo también».

Las lágrimas no te hacen débil

En la educación recibida desde la infancia se hace alusión constante a que las lágrimas son de débiles o de que no hay que llorar y punto. La realidad es que las lágrimas no le hacen a uno ni débil ni fuerte, las lágrimas son la forma más natural que tiene nuestro cuerpo de expresar sentimientos, son pura emoción, ya sea de pena como alegría.

No hay nada de malo ni vergonzoso porque uno se emocione durante estos días y las lágrimas afloren. Todo aquello que uno puede sacar a través de sus lágrimas es una emoción que no queda contenida ni retenida dentro, haciendo más daño que bien.

Es verdad que puede que a vuestro alrededor no sepan qué hacer con vuestras lágrimas, que les angustie porque refleje su propia pena, pero no quiere decir que no deban de estar o salir. Emocionarse recordando, viviendo o pasando las navidades es ley de vida.

Ante la tristeza, rememora lo que te ha dado

Es más fácil decirlo que hacerlo pero, a veces, alivia poder recordar y dar gracias por aquellas cosas, aprendizajes y experiencias vividas con esa persona que ya no está. Hacer esto desde el principio no siempre es posible pero, con el paso de los meses, uno puede agarrarse a todo lo que esa persona ha supuesto en tu vida, en cómo te ha ayudado a ser quien hoy eres y su influencia en quién vas a ser más adelante. Es convertir la pena en una especie de homenaje.

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5 Comentarios en “Cómo pasar la Navidad sin nuestros seres queridos”

  1. yennifer dice:

    esta pagina esta mu bien
    xaoooooooooooo!!!
    animaros q yo estoy pasando por esto y se pasa mu mal pero esto nos pasa a todos mas tarde o mas pronto.
    os qeroooooooooooooooooooooo

  2. viajes dice:

    En todo de acuerdo, las navidades son fechas muy duras para estar sólos, mejor acompañados de la familia.

  3. anlli dice:

    Noooo se puede sentirse bien. …. cuando no esta la personas que has querido y que siempre has compartidos la naviidad junto a ellos … yo pienso que la Navidad forma parte de compartir alegria poor un nacimiento . Pero por desgracia o motivo de la vida no es la mismo sentarse a cenar un año por navidad para festejar el nacimiento…. que sentarse a festejar y recordar la muerte de tus seres queridos . Yo no puedo de verdad que no puedo. Yo doy un si a que si por mi fuera las sacaba del calendario

  4. Tony López - Eventos Morelia dice:

    Cada persona piensa de manera diferente, sinceramente es un tema muy difícil de tratar, pero no podemos hacer nada si ya no tenemos a nuestros seres queridos en este mundo, lo único que nos resta es recordar los mejores momentos con ellos y salir adelante.

  5. tomy dice:

    Es muy duro…a veces necesitamos, como en mi caso ayuda psicologica xq se hace insoportable.
    Menos mal que con el apoyo de mis familiares y de los profesionales del instituto psicoeducativo …se pasa el mal trago.