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Desapego emocional

El desapego emocional es uno de los conceptos que mayor confusión genera, puesto que se malinterpreta pensando que se relaciona con no tener empatía o no ser asocial pero nada más lejos de la realidad. El desapego emocional está ligado al bienestar y a la salud mental.

Desapego emocional

Desapego emocional

En el artículo “El afecto en la infancia: apego, hospitalismo y marasmo” os hablamos sobre la teoría del apego y la importancia del mismo durante la infancia, así como en la vida adulta. Pues tenemos que diferenciar entre apego y dependencia, que son dos cosas absolutamente distintas que hacen referencia al tipo de vínculo o lazo que se establece dentro de una relación.

Lo primero a tener en cuenta es que el desapego emocional, en el contexto en el que lo vamos a tratar hoy, no hace referencia a una persona que no pueda establecer un vínculo amoroso con nadie. Más bien, vamos a hablar de la necesidad de poder despegarse emocionalmente de relaciones que pueden resultar dañinas.

Si lo buscamos en el diccionario de la RAE nos encontramos con que desapego está descrito como “Falta de afición o interés, alejamiento, desvío”.

Desapego emocional por traumas

Hay diferentes tipos de apego, el ideal y el esperado para cualquier persona es poder establecer un vínculo o apego seguro en la infancia que le permita crecer sano emocional y físicamente. Un apego seguro es aquel que también permitirá al individuo relacionarse con los demás de una forma saludable, pues se le adscriben consecuencias como una mejor autoestima, autosuficiencia, manejo de la frustración, deseo de aprendizaje, capacidad resolutiva, autonomía, etcétera.

Cuando este tipo de apego falla, nos podemos encontrar con otros apegos algo menos saludables y otros que pueden resultar desastrosos (tal y como habréis podido leer en el artículo que os sugerimos al principio).

En estos casos, en cuando puede surgir un desapego emocional desarrollado por vivencias traumáticas en la infancia. El trauma no sólo está relacionado a daños físicos, también puede haber daños emocionales que pueden partir desde la negligencia, la desatención, la falta de cuidado, la vivencia constante de miedo, entre otros.

Las personas que han vivido esta situación pueden tener dificultades para relacionarse con los demás de forma saludable. De ahí, que a veces puede entenderse como una persona despegada de los demás, que no intima con los otros o establece vínculos poco sanos para sí mismo pero prefiere eso a nada.

Desapego emocional ¿Cuándo es necesario?

En la interpretación de “desapego emocional” que queremos daros en esta sección es la de poder despegarse. Para ello, creo que una de las palabras que facilitan entenderlo son los enganches emocionales en los que uno a veces se ve sostenido.

¿Qué podemos entender como un enganche emocional? Por ejemplo, las relaciones intermitentes donde uno acaba siempre a la espera de cuándo volverá o si ésta será la definitiva; otro ejemplo serían esas amistades dañinas en las que uno luego se acaba preguntando “¿Por qué siempre me pasa lo mismo?”.

Por supuesto, no siempre va a funcionar seguir un par de recomendaciones, pero a veces pueden ser el comienzo para que uno pueda conocerse un poco mejor así mimo. Os digo que no siempre van a funcionar las recomendaciones porque estas cosas que se repiten de forma frecuente a lo largo del tiempo, estas relaciones a las que a uno le cuesta desengancharse o despegarse, también tiene que ver con cómo uno se relaciona, con sus apegos, con sus vínculos, con esos detalles íntimos que a veces requieren de la escucha de un profesional para que uno pueda entender qué le sucede.

Cómo practicar el desapego emocional

La realidad es que no se trata de ninguna tarea sencilla y que, como siempre, resulta mucho más fácil escribirlo que ponerlo en práctica pero ¡No es imposible!

Lo contrario de estar enganchado es desenganchado, es poder fluir, aceptar las cosas como vienen en lugar de estar esperando constantemente a que sean como uno quiere. Es decir, también se trata de poder aceptar y dejar de vivir en una constante ilusión en la que uno a veces se ciega para que la realidad sea como le gustaría que fuese, en lugar de ver lo que realmente hay. Es lo típico de “pedirle peras al olmo”.

No todo va a estar en tus manos ni eres el solucionador o solucionadora de todo. Para ello, a veces tendrás que lidiar con tus propias limitaciones y dejar que los demás puedan aprender a solucionar sus propios conflictos. Permíteles ser y aprender por sí mismos, puedes estar acompañando en el proceso pero no les quites la posibilidad de crecer, aunque ellos reclamen que lo hagas.

A veces, lo más difícil es salirse del lugar que uno siempre ha considerado que era el suyo, el establecido dentro de una dinámica familiar, de amistad o de pareja. Ahora bien, plantéate si ese lugar te hace feliz o infeliz, si te parece sano o no, si se lo desearías a alguien a quien quieres o le recomendarías que huyese. Aplícatelo.

Una tarea importante y a veces difícil, hasta que se coge práctica. Aprende a diferenciar qué es tuyo y qué es del otro a nivel emocional. Es importante entender que no todo es por tu culpa, ni todo tiene que ver contigo. Alguien puede tener un mal día y pagarlo contigo pero ¿Eres la razón de ese mal día? Muchas personas se quedan enganchadas a “por qué me dijo eso”, “por qué me trató así”, “No me lo merezco”. Aprender a separar una cosa de la otra te permitirá vivir con más ligereza.

Elige quién quieres que esté a tu lado, sé claro con ellos y úbicales en el lugar correspondiente. La amistad es un tesoro pero los amigos de verdad son muy pocos, muy muy pocos. Muchas veces se llama amigo a cualquiera, cuando detrás puede haber una relación poco sana y solitaria. No te confundas y no les confundas. Descubre por qué estás con cada uno y por qué están a tu lado. El autoconocimiento te permitirá comprenderte y comprender a los de tu alrededor. Los que no te aporten, déjales ir y deja hueco para quienes sumen en tu vida.

Uno de los aspectos más difíciles es ser fiel a uno mismo pero es más que necesario. Comienza a dar más importancia a tu propia opinión, escúchate y valora lo que dices y cómo lo dices. Puedes escuchar a los demás, por supuesto, pero sin perderte a ti mismo en el camino.

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