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La inteligencia en el aula

La inteligencia es una capacidad difícil de medir y comparar aunque haya cientos de tests diseñados para eso. Puesto que, quién es más inteligente, ¿aquel que hace cuentas matemáticas en lo que uno apenas prendió la calculadora o aquél que es capaz de componer una pieza musical? ¿aquél que edifica una casa o aquel que sabe moverse con facilidad en las relaciones sociales?

Son todos distintos aspectos o formas de inteligencia. Quizás por eso resultan interesante y novedosos los estudios de la psicóloga Carol Dweck, que no apuntan a medir la inteligencia de los niños, sino que estudia cómo, aquello que creemos sobre lo qué es y cómo es la inteligencia, afecta la performance de los niños, por ejemplo en el colegio.

Lo que ella ha descubierto es que los niños que creen que la inteligencia es algo flexible, que puede desarrollarse y cambiar, obtienen mejores resultados académicos y toleran mejor la frustración que aquellos que creen que la inteligencia es algo fijo e inmutable.

Ahora bien, la forma en que los niños piensan sobre la capacidad intelectual es algo que en gran medida esta determinado por el pensamiento y creencia de los padres. Los que piensan que con la inteligencia se nace o no se nace ven reflejado este pensamiento en sus hijos, mientras que aquellos padres que piensan que la inteligencia es algo que se va desarrollando transmiten esta concepción a los niños y fomentan así el desarrollo de esta capacidad.

Otro punto interesante en relación a la inteligencia en la aulas es la concepción que el maestro se hace de los alumnos. Muchas veces los maestros se manejan con estereotipos, como el del niño tonto o mal alumno y esta creencia actúa como un prejuicio provocando que la evaluación docente siempre se desvié hacia abajo confirmando el estereotipo del mal alumno, encasillando al niño y obstaculizando el pleno desarrollo de su capacidad.

Por estas razones es muy importante para aquellos que trabajan en instituciones educativas repensar las concepciones que se tienen y reflexionar sobre la capacidad de los alumnos, aunque eso implique eventualmente la consulta a un psicólogo para que oriente a los miembros de la institución.

En relación a las formas de inteligencia dejo una pequeña anécdota para que se pregunten a ustedes mismos que entienden por inteligencia:

Había una vez en un colegio primario un niño que era el “tonto” de la clase y otro que era el más dotado e inteligente. Cada vez que iban al recreo el niño listo ponía en una mano una moneda de, digamos, un euro y en la otra una de un centavo. Llamaba al niño tonto, le mostraba las monedas y le decía que eligiera una para quedarse. El niño tonto siempre elegía la moneda de un centavo y el resto del alumnado reía de su tontera. Esto se repetía día a día hasta que una vez llego un nuevo alumno y vio el clásico espectáculo del recreo y como buen niño nuevo, con ideas frescas quiso avivar al niño tonto y le pregunto porque era tan tonto de elegir siempre los diez centavos. Entonces el niño tonto respondió: – Elijo siempre los 10 centavos porque si eligiese el de un peso se acabaría el juego, mientras que a 10 centavos por recreo……..

¿Entonces que piensan ustedes?

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