La obsesión de ser el mejor

¿Qué significa ser el mejor y por qué es importante? Muchos consideran que si no son el mejor en algo no son buenos, no son válidos, no tienen un papel relevante en la vida y no valen nada por sí mismos. Para muchos, no ser el mejor es igual a ser mediocre pero, realmente, ¿esto es así?

¿Qué es ser el mejor?

Cuando una persona necesita constantemente ser el mejor en algo, sea lo que sea, es alguien que puede llegar a sufrir mucho -o ya sufre- cada vez que no alcanza ese ideal imposible. No se trata de quiero mejorarquiero ser mejor persona, como muchos se escudan en estas típicas frases de libreto cuando se sienten al descubierto, si no que trata de llegar a ser el mejor, con artículo «el» incluido, que es encumbrarse en la cima.

¿Por qué decimos que es un ideal imposible? Ser el mejor en todo es, por definición, no posible. Ser el mejor en algo por siempre y para siempre, es un imposible por sí mismo. Ser humano es, por definición, aceptar que tenemos fallas, faltas y que nadie lo tiene, ni lo sabe, ni lo puede todo. Dicho esto, no implica que uno no ansíe estos lugares y, por ello, se topa de forma recurrente con la frustración de no alcanzarlo.

Pero, podríamos continuar con la pregunta ¿qué es ser el mejor? Y nos encontraremos con que no hay una respuesta concluyente. Para cada persona puede hacer referencia a algo interno distinto, desde no poder verse como alguien que no tiene (sabe o puede absolutamente todo) porque le devuelve una imagen de gran fragilidad de sí mismo o aquel que piensa que si no es el mejor no va a llegar a ser lo que cree que los demás esperan de él, etc., etc.

O soy el mejor o soy mediocre

Hay multitud de frases parecidas para indicar la complejidad y profundidad de este sentimiento. «O soy el mejor o no valgo«, «o soy el mejor o soy un mierda», «o soy el mejor o soy tonto», «o soy soy el mejor o lo dejo», etcétera.

Para todos aquellos que no os encontréis en esta situación, o incluso los que sí pero ahora mismo lo estéis viendo desde lejos, es muy probable que os suene exagerado y que os cueste sentiros descritos en estas frases.

La realidad es que, con una gran probabilidad, en algún momento de nuestra vida nos hemos enfrentado a estos sentimientos. Algunos en la infancia, porque ser amado por mamá ya le confiere a uno un lugar impresionante, como si fuese el único para ella, aunque luego uno es despojado de ese lugar por otro hermano, por un trabajo, por el padre… Otros en la adolescencia, por ejemplo, cuando se sienten admirados por su grupo de referencia en algo pero, a los pocos días, toda la atención se va al nuevo. Y, otros, continúan en la vida adulta comparándose con los demás para intentar satisfacer la necesidad de verse como el mejor en algo, de verse mejor que el otro.

Se necesita reafirmación constante

«Verse como el mejor en algo» pero ¿vale cualquier algo?

Generalmente, todos quieren ser el mejor en un «algo» apreciado por ellos, como podría ser un trabajo con el que se sienten realizados o que sienten que dice algo de su identidad. Otros se conforman con ser el mejor en cualquier cosa, un videojuego por ejemplo, y ante los disgustos aparece el «bueno, no seré bueno en el pimpón pero soy el mejor en sacando punta a los lápices». En cualquiera de los casos, esa satisfacción puede durar poco.

Cuando uno está ubicado en un lugar de «ser el mejor» necesita una reafirmación constante de lo impresionante que es. No vale con ganar una partida a un juego o con recibir una palmadita en la espalda del jefe, se necesita una aprobación constante o aparece la angustia, la frustración ¿soy o no soy el mejor?

Por ello, no es lo mismo necesitar ser el mejor en algo que querer ser bueno en algo, ni es lo mismo querer ser el mejor que querer destacar o ser alguien que puede ser reconocido.

Quiero ser el mejor ¿Qué tiene de malo?

¡No tiene nada de malo! Aquí no hablamos de juicios morales ni de valores, si no de sufrimiento. Cuando nos encontramos en consulta a alguien que necesita ser el mejor en algo, o en todo, es una persona que sufre mucho, que ante pequeñas frustraciones puede verse muy afectado y decaído, que directamente afecta a su rendimiento y su actitud en todas las áreas de su vida (laboral, personal, familiar, social).

Por generalizar un poco más podríamos decir que aquellos que desean ser el mejor en todo acaban rivalizando con los demás, incluso con los que más quieren, aún sin darse cuenta de ello. Hay quienes necesitan verse o sentirse superiores: tienen más conocimientos, mejor clase social, mejores atributos físicos, mejores pensados, mejores estrategas… Sin ellos, «X» (la empresa, la novia, la familia…) no iría bien.

En ocasiones, este deseo también de ser el mejor le puede llevar a uno al límite. Se borran los bordes y se puede poner en riesgo desde aspectos superficiales a la propia vida como: abandonar el trabajo si se siente cuestionado, llevar el cuerpo al límite para alcanzar lo que nadie ha logrado, etc. Si nos vamos a algo más cercano y menos extremista ¿nunca os habéis encontrado con alguien que no quiere seguir jugando tras haber perdido una partida?

Por ello, como mencionábamos antes, no se trata de que desear ser el mejor sea malo, si no que al desear un imposible uno se queda a expensas de una constante y reiterada frustración que provoca un gran malestar emocional.

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