La inteligencia emocional en el empleo, ¿cómo sacar partido de esta capacidad?

El concepto de inteligencia emocional es algo de lo que se habla en disciplinas como la psicología desde hace décadas, pero no fue hasta los años 90 cuando por fin se definió y se incidió en estos procesos.

Fue a principios de los 90 cuando se establecieron los límites, aunque es un concepto que crece en su dimensión a la inteligencia emocional. Se trata de la capacidad de expresar, controlar y percibir emociones.

En esta definición jugó un papel importante el psicólogo Robert Sternberg, que a través de sus teorías y publicaciones ha ido madurando la idea de que la inteligencia es un fenómeno cognitivo que va más allá de tener capacidades para resolver pruebas matemáticas o lingüísticas. En este sentido, lo que él denomina inteligencia exitosa es el grupo de habilidades necesarias para alcanzar el éxito en la vida, y en ellas se incluyen la creatividad o la capacidad de análisis.

La relación directa entre la inteligencia emocional y el éxito profesional

Muchos expertos han estudiado e identificado en los últimos años los diferentes tipos de inteligencia emocional, llegando a la conclusión generalizada de que existen cinco rasgos de la personalidad que determinan el fenómeno cognitivo.

Esos cinco rasgos son la extraversión, la amabilidad, la franqueza, la escrupulosidad y el neuroticismo. El balance en esas cualidades es lo que dota de capacidades para percibir, comprender y utilizar las emociones en beneficio propio o de la comunidad.

Un buen grado de inteligencia emocional está íntimamente relacionado con el éxito profesional y las relaciones positivas, algo que se verá potenciado en los próximos años, hasta la década de 2030, ahora que nos estamos embarcando poco a poco en el mundo post-Covid 19.

Bill Davies, consultor principal de PSI Talent Management International, opina que la inteligencia emocional es una capacidad que hay que entrenar día a día, pues pueden sucederse momentos de alta valía a nivel emocional y otros en los que la persona se sienta incapaz de enfrentarse a sus retos.

Para este experto, el cansancio físico o la irritabilidad son factores que afectan negativamente  a esta cualidad humana, lo que lleva a incorporar hábitos como la microgestión o el lenguaje corporal agresivo que son puestos en marcha a modo de mecanismos de defensa.

Fomentar la inteligencia emocional a través de la empatía

Un buen modo de potenciar la inteligencia emocional, que puede entrenarse al igual que otras dinámicas de conocimiento, es potenciar un enfoque más disciplinado en el día a día, con hábitos saludables y regulares que vayan más allá de una dieta equilibrada, unos horarios planificados y la práctica periódica de ejercicio físico.

Un buen punto de partida sería reservar un poco de tiempo a diario a calmar y desconectar la mente. En el ámbito laboral, si se ocupa una posición de liderazgo, esto puede servir como aliciente para el resto de compañeros, que son conscientes de que han de mantener su mente fresca para que resulte productiva en horario de trabajo.

A su vez, es igualmente importante trabajar la empatía, comprender por qué las otras personas desarrollan esos sentimientos. Ser empático es una base muy potente para construir relaciones sociales y fortalecer esas interacciones.

Nuevamente, en el espacio de trabajo esto va a ayudar a generar equipos más leales, productos y comprometidos. Cada empleado tiene todo su universo de sensaciones, pero cuando trabaja por el grupo, pone sus cinco sentidos en su tarea.

Dejar espacio para la vulnerabilidad, no sentir miedo a la fragilidad

Ya se ha comentado que la inteligencia emocional busca sacar rendimiento de las emociones, comprenderlas y guiarlas hacia un escenario de crecimiento. Esto se puede lograr también en los momentos de vulnerabilidad, de fragilidad.

Al fin y al cabo, la vulnerabilidad es una expresión de emociones: ansiedad, frustración, vergüenza. Un reto en la inteligencia emocional es reconocer esas emociones negativas y abordarlas del modo adecuado.

Al final, todo lo que siente, piensa y ejecuta una persona puede ser reconducido para ayudarle a crecer. La inteligencia emocional se sirve de esas emociones para dirigirlas hacia la senda correcta, ya sea en el ámbito laboral, social o afectivo, pues todos ellos están íntimamente relacionados y sin el desarrollo de todos no es posible alcanzar el equilibrio.

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