No quiero tener hijos. No quiero ser madre

Todavía sigue resultando difícil escuchar a una pareja, sobre todo a una mujer, decir «no quiero tener hijos«, «no quiero ser madre«. No porque haya pocas mujeres que no quieran tenerlos, si no porque parece que es un pecado y impensable que en el deseo de una mujer no esté la maternidad.

No quiero tener hijos

En desear querer, o no, tener hijos ocurren fenómenos de los que no somos conscientes, por ello puede resultar tan complicado decir por qué se quiere tener un hijo o por qué no se quiere tenerlo, por qué se puede desear o no inscribirse en la p/maternidad. También estos aspectos que desconocemos de nosotros mismos causan su efecto en cómo es vivida la maternidad y la paternidad, también cuando no se desea serlo; igualmente dejan su huella en aquellos que aceptan tener hijos cuando no se quiere tenerlos o en la renuncia a tenerlos cuando hay un deseo claro de crear familia, todo ello en nombre del amor o del bien de la relación de pareja.

Es decir, en todas las decisiones que tomamos en nuestra vida, hay elementos inconscientes que se ponen en juego. En  muchas ocasiones se necesita descubrir estos elementos para poder aclarar las confusiones cuando uno sabe qué elegir, cuando no sabe acerca de qué es lo que quiere.

Realmente ¿se puede hablar de maternidad?

A pesar de que se habla de que estamos en una sociedad mucho más liberal y abierta, la realidad es que todo lo que concierne a la maternidad sigue siendo un tema tremendamente delicado y del que pareciera que es muy difícil poder hablar en su totalidad:

  • Deseo o no de tener un hijo.
  • Deseo o no de ser madre, porque no es lo mismo querer tener un hijo que ser madre.
  • La tremenda complejidad que entraña la maternidad y todo lo que ella conlleva en la mujer.
  • Querer y poder, querer y no poder, no querer y no poder, no querer y poder, darle el pecho al bebé.
  • La lactancia a demanda o la lactancia en horarios regulados.
  • Colecho o cada uno en su espacio.

Parece que todo está mirado con lupa por un gran ojo social y familiar, crítico y juzgador que puede llegar a impedir que una mujer pueda escucharse así misma y reconocer cuál es su deseo, y no solo reconocerlo, poder ejercer su derecho a elegir ser madre o no serlo sin sentir culpa o vergüenza por ello.

Pareciera que en cuestión de maternidad está todo dicho y lo único que no puede ser dicho es lo que desea la propia madre. Pareciera que dar la teta es la única opción para que un hijo crezca sano, cuando no es real, que lo más importante no es el alimento que se le ofrece si no la forma en que se le da (el arrullo, la mirada, el contacto piel con piel, las palabras bonitas, las caricias) que es lo que realmente le hace sentirse amado y tranquilo. Pareciera que las modas se imponen y muchas madres se encuentran sin poder escuchar lo que ellas quieren, desean y necesitan pues o forman parte de la masa o no están siendo buenas madres.

La maternidad puede ser hermosa, pero es tremendamente compleja y sacrificada.

No quiero tener hijos

A pesar de que podemos considerar que vivimos en una sociedad libre, donde la mujer tiene derecho a decidir, a votar y a vestirse como quiera -por mencionar los tópicos- la realidad es que desear no tener hijos todavía sigue causando revuelo y muchísimas mujeres sienten que no pueden hablar de ello con las personas de su entorno.

En el momento en el que una pareja se casa parece que está implícito el hecho de que tiene que haber descendencia. La familia, los amigos, la sociedad en general, cuestiona y ya da por hecho que se van a traer hijos al mundo, «¿y para cuándo me vais a hacer abuelos?«.

Lo que está entre líneas, la sensación a la que acaban enfrentándose muchísimas mujeres, es que pareciera que si no tienen hijos no son mujeres completas; que si no tienen hijos son menos mujeres que el resto de mujeres; si no tienen hijos son unas egoístas o algo anda mal a nivel emocional en ellas; que si una se casa es para tener hijos y no por otra causa; que si no tienen hijos es porque deben de tener algún problema físico para no conseguirlo, no porque no quieran tenerlos.

Son muchas las razones por las que puede surgir el deseo de no querer tener hijos: avanzar en la carrera profesional, querer vivir más en pareja, que no le gustan los niños, que puede querer tener un hijo pero no querer ser madre (o padre), el miedo a los cambios físicos que supone un embarazo y un parto, el temor a ser el mismo tipo de madre que ha tenido, no verse preparada para lo que supone la crianza, etc. Todo esto son razonamientos conscientes pero es importante tener en cuenta que también hay factores inconscientes que entran en juego, que generalmente tienen que ver con las relaciones de la infancia y aspectos que de por sí -tal y como describe la palabra inconsciente- uno desconoce de sí mismo.

No quiero ser madre

Como decíamos anteriormente, no es lo mismo no querer tener un hijo que no desear ser madre. Hay mujeres que desean tener un hijo y vivir todo el proceso del embarazo, incluso del parto y saber qué es la lactancia, pero lo que no quieren vivir es la crianza. Estas situaciones pueden derivar en que los hijos son dados en adopción, se dejan al cargo de un familiar o pareciera que es una madre o padre ausente.

A veces, el deseo de no querer ser madre está intrínsecamente ligado con la propia infancia de la persona, con los padres que ha tenido, con el temor de reproducir el mismo modelo familiar y verse sin la posibilidad de construir algo diferente, de poder ser una madre distinta.

Otras veces se trata de que hay un deseo claro de no querer tener la responsabilidad de criar a un ser humano, de la responsabilidad y toda la atención que requiere, desde la infancia a la adolescencia.

Cuando se acerca el final del reloj biológico, también son muchas las mujeres que se cuestionan sobre sus convicciones ante el miedo a poder arrepentirse y se enfrentan al dilema de qué hacer: arrepentirse de no haberlo tenido, o arrepentirse de haberlo tenido.

Una cosa está clara, la maternidad no es sencilla a pesar de que esa parte nunca se habla. Muchas madres comenzarán la crianza con todo el amor del mundo, con cariño y con gusto, pero esto no es incompatible con la sensación de sacrificio, de cansancio y agotamiento, de sentir que tienen que hacer malabares para poder llegar a todo o de que incluso tienen que estar contabilizando el tiempo para darse una ducha rapidísima. Por ello es probable que hayáis escuchado a muchas madres decir «nadie me lo había contado«, porque la otra cara de la maternidad, la que es tan real como el amor, de esa nadie habla ni nadie la cuenta, con el peso que eso genera también en muchas madres que piensan que si lo hablan la gente va a pensar que no quieren a sus hijos o que los traicionan.

Habría mucho más que decir pero tampoco podemos hacer un texto que abarque a todas las mujeres, es inasumible, pero espero haber podido abrir un espacio para poder pensar acerca del no deseo de ser madre y poder transmitiros la idea de que, se desee o no ser madre, en todos los casos siempre hay algo inconsciente, «mamado» de la historia familiar, que también ejerce un efecto sobre nuestras propias decisiones sobre la maternidad -y en la vida en general-.

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