¿Qué es el síndrome de la cabaña y cuáles son las causas? Consecuencias del confinamiento

En este afán por renombrar las cosas y ponerles nombres, nos encontramos en la actualidad con el concepto «El síndrome de la cabaña». Un término que no encontraréis en ningún manual de diagnóstico psicológico pero que se ha puesto muy de moda actualmente y que vamos a escribir sobre él para explicaros qué pretenden englobar bajo este nombre.

Sindrome cabaña

Creo que todos podemos pensar que un estado de alarma social se traduce en un estado de alarma interno para la gran mayoría de la población. A su vez, que un confinamiento es un reencuentro con uno mismo como nunca antes lo habían experimentado o que para muchos sería la primera vez de verse parados y estar a solas con su propia historia.

Este tiempo de confinamiento ha roto los ritmos y rutinas habituales, las necesidades primarias para muchos. Ha reducido los tiempos en los que uno podía salir a la calle a que solo se salieran para las cosas más básicas, lo que para muchos fue no salir durante todo este tiempo de cuarentena y vivir un encerramiento completo. A la par se eliminó cualquier contacto físico o verbal, no se podía quedar ni con el vecino, no se podían dar abrazos a otros con los que no se conviviese, no se podía ver a alguien amado que viviera en otro espacio.

Todas estas limitaciones y prohibiciones que se han vivido durante el confinamiento, o solo pensar en el propio confinamiento en sí, nos lleva a poder afirmar que todo el mundo se ha encontrado de frente con sus propios conflictos internos, con cambios bruscos emocionales, con temor e incertidumbre, con la muerte posibilidad de que la muerte le estuviera pisando los talones, con la caída de que aquí nunca pasa nada grave.

Ahora hemos llegado a la desescalada. Llevamos casi una semana en la que los adultos pueden salir a la calle una hora a dar un paseo pero ¿Todos han salido? La realidad es que no. Según a quién se le pregunte uno puede escuchar multitud de razones por las que no salen al exterior: no tengo tiempo, no me apetece, hay mucha gente, voy a darle un poco de tiempo a ver si hay repunte, no salgo por responsabilidad con los sanitarios… No salgo porque me da miedo, me da pánico contagiarme. El resumen es que esa persona no puede salir de momento.

Y de ahí surge el llamado, popularmente y no psicológicamente, el síndrome de la cabaña. El miedo a salir, el pánico a salir, el postergarlo y actuar como si todavía estuviera viviendo un confinamiento completo.

Todo el mundo ha tenido que enfrentarse a la idea de que salir a la calle durante el confinamiento era peligroso y había que llevar unas medidas de prevención altísimas. Muchos han llevado rituales de limpieza exhaustivos durante este tiempo ante ese mensaje de peligro, no solo en las casas si no en sí mismos. Los que han salido a la calle vivían la tensión de calles silenciosas, sin risas, sin sonidos. Las pocas miradas que se cruzaban con otros estaban llenas de tristeza y a veces también aparecía la agresividad o la paranoia. Se ha llegado a vivir ir a hacer la compra cada quince días como si uno fuera un forajido que sale y hace algo mal.

¿Y qué implican todas esas sensaciones? Para muchas personas, lo que se construyó fue la idea de que el mundo exterior era malo, dañino y peligroso. Estar en casa era estar a salvo, la zona de confort, el perímetro de seguridad, el espacio donde todo iba a estar bien.

Si para estar confinados todo el mundo ha tenido que darse un tiempo para adaptarse, sostener la angustia de no poder salir, de entender que no es seguro frente a otros que parece que lo han llevado estupendamente desde el principio y que no les ha supuesto una gran caída emocional. Si entendemos que cada persona puede afrontar y enfrentar las dificultades de una manera diferente ¿No será que cada uno también tiene su tiempo de adaptación para poder enfrentar la salida a la calle?, ¿La vuelta a una «normalidad»?

Sin ninguna duda es posible que aparezcan síntomas incómodos con este salir a la calle pero, poco a poco, cada uno irá encontrando la manera de volver a salir. Quizá al ir a hacer la compra se pueda ir aumentando unos minutos el paseo hasta el supermercado, sin prisas, sin presiones. No se trata de que todo tenga que ser ya porque ya se pueda salir un poco, se trata de que cada uno pueda encontrar su propia manera de volver a salir al mundo sin sentir que éste puede derrumbarse sobre él.

Y, en el caso de que se puedan percibir síntomas más graves que hayan podido aflorar con el confinamiento o que ahora sean más perceptibles con la desescalada, siempre podéis consultar con un profesional sanitario (médico de cabecera, psiquiatra o psicólogo) para que os indiquen cómo proceder.

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