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El efecto Zeigarnik | curiosidades

¿Conoces el efecto Zeigarnik? Un efecto muy curioso del cerebro que nos da pistas de por qué a veces resulta tan difícil dejar una tarea sin acabar. Os contamos con detalle en qué consiste y algunos ejemplos famosos que os llamarán la atención.

El efecto Zeigarnik ¿Qué es?

El efecto Zeigarnik debe su nombre a la psicóloga rusa Bluma Zeigarnik, que observando cómo trabajaban los camareros se fijó en la tendencia que tenían a recordar los pedidos pendientes de servir, pero se olvidaban  fácilmente de los pedidos que ya habían despachado a los clientes. Por ello, describió el efecto Zeigarnik como la tendencia del ser humano a recordar más las tareas inacabadas que las tareas que ya finalizadas.

El efecto Zeigarnik | curiosidades

La psicóloga Bluma Zeigarnik realizó, en 1927, un estudio sobre el efecto Zeigarnik. Durante el estudio los participantes tenían que realizar unas 20 tareas sucesivas: resolver adivinanzas, hacer tareas manuales, o hacer problemas de matemáticas… Para probar el efecto Zeigarnik, a los participantes se les interrumpió durante la realización de la mitad de estas tareas.

El estudio demostró que los participantes recordaban mejor las tareas que se les había impedido completar al interrumpirles que las que ya habían terminado. A su vez, se comprobó cómo cuando se terminaban las tareas se olvidaban más fácilmente.

Efecto Zeigarnik – dejar tareas por acabar

Mas de cincuenta años después del estudio de Bluma Zeigarnik, Kenneth McGraw y su equipo volvieron a llevar a cabo el mismo estudio. En este caso, los participantes tenían que hacer un puzzle muy complicado y se les interrumpió un poco antes de que pudieran resolverlo, diciéndoles que del estudio se había terminado, por lo que no tenían que terminar el puzzle. Sin embargo, el 90% de ellos siguieron trabajando hasta resolver el rompecabezas.

Lo que estos ejemplos tienen en común es que cuando la gente empieza algo está más predispuesto a terminarlo. La dilación, el dejar las cosas por hacer, es más fácil que surja si aún no hemos comenzado a hacer algo que si ya estamos en ello.

Lo que el efecto Zeigarnik nos enseña es que para lograr una meta u objetivo hay que comenzar hacer algo, da igual por donde empieces lo importante es empezar. Mejor si no comienzas por la parte más difícil y lo haces por la parte más fácil, si sigues adelante con la tarea, entonces, cada vez te involucras más y te será más difícil abandonarla.

El efecto Zeigarnik | curiosidades
El efecto Zeigarnik tiene una excepción, no funciona bien si no existe motivación por lograr un objetivo. Si lo que tenemos que hacer no nos importa o nos resulta molesto, entonces trataremos de buscar excusas para no hacerlo. Aún así, si nos ponemos a ello, es más fácil que lo terminemos que si ni siquiera lo intentamos.

Recuerda, todo camino empieza por un primer paso. Citando a Walt Disney “La mejor manera de empezar es dejar de hablar y empezar a hacer” o Ernest Hemingway “La respuesta más corta es hacer las cosas”.

El efecto Zeigarnik en el cine, las series y la literatura

¿Que tienen en común la serie Perdidos, las películas de Alfred Hitchcock o las novelas de Charles Dickens?

Uno de los trucos más usados en cine o las series de televisión (como en películas de Hitchcock, series como Perdidos) es tratar de mantener a los espectadores interesados semana tras semana en base al suspenso o la incertidumbre, las palabras “continuará…” dejan al público expectante deseando saber más.

Mucho antes que la televisión, Charles Dickens, el gran novelista inglés ya usó la misma técnica en muchas de sus obras, como “Oliver Twist”. Antes de publicarse sus obras completas se publicaban en forma de capítulos, dejando al lector expectante del siguiente fragmento. Los melodramas de Dickens crearon tanta expectación que sus lectores de América esperaron en los muelles de Nueva York la llegada del barco que traía la última entrega de alguno de sus capítulos.

Esto nos muestra la importancia del efecto Zeigarnik y cómo esa sensación de que está inacabada la historia, de que nos dejan en la mitad de un capítulo sin que haya cerrado del todo el nudo de la historia, o el frecuente cabreo ante los finales abiertos, podríamos pensar que es tanto el deseo de saber qué pasará como poder terminar.

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